viernes, 5 de enero de 2018

Hogar, pueblo y tierra

Ella no es pasión ni desenfreno,
no es locura ni revolución.
Ella no es fuego que quema
ni rosa que pincha.
Ella no es un viaje sin retorno, 
ni adrenalina inyectada en vena.

Yo no le dedicare ningún suicidio,
ni me asomaré al barranco de su locura.
Sin embargo,
tiene algo que tantas quieren tener.

Ella es hogar, pueblo y tierra,
ella es mis sueños amoldados a sus manos,
y mi verdad sin romperse ni cambiarse,
sino complementada con la suya.

Ella es calor, luz y calma,
ella es mi abrazo sin fracturas,
y la arquitecta de mi sonrisa.

Ella es comprensión, cariño y ternura,
ella es incondicional en todos mis sueños,
y bálsamo en las derrotas.

Ella es humildad, confianza y respeto,
ella es general de mis batallas,
y cómplice de mis aventuras.

Ella es,
y me deja ser con ella.
Por eso,
espero que siempre seamos,
lo que ahora somos.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Perfectos desconocidos

Ahí estábamos el uno frente al otro,
habiéndonos encontrado sin buscarnos,
pero quedándonos sin saber por qué.

Nos desnudamos de complejos,

nos enseñamos las heridas,
y nos olvidamos de los escudos.

Sólo así 
pude verte...

Vi un corazón con cicatrices por haber amado demasiado,
vi unos fantasmas que te hacían sentir pequeña,
vi un miedo a saltar al vacío,
y unas cadenas que te hacen sentirte protegida.

Pero entonces sonreíste,
y me dejaste ver la verdad.

Abriste las ventanas de tu casa,
y me invitaste a entrar al salón.

Entonces vi un corazón con experiencia y con sed de calor,
vi un informe de desahucio a tus fantasmas,
vi la adrenalina de arriesgarse en tus ojos,
y una llamada a volar hacía otro lugar.

Así que nos abrazamos,
dos completos desconocidos,
dos pájaros sin experiencia de vuelo,
pero que,
por circunstancias de la vida,
compartíamos la misma página en el destino.

martes, 21 de noviembre de 2017

Tu abrazo de luz

Yo tenía un corazón tan metido hacia dentro,
que había cogido forma de tortuga.

Yo tenía un caparazón de mentiras,
un circo con mil dudas,
un formulario de auto desprecio,
y un dedo acusador,
que me hacía imposibles las noches.

Pero entonces un día,
frente a todas las zarzas de mi cuerpo,
apareció la rosa de tu voz,
los petalos de tus labios,
y el polen de tu abrazo.

Sentí luz,
sentí liberación,
sentí perdón,
y sentí esperanza.

Ahí estabas tú sin ningún escudo,
enfrentándote a mi invierno,
retando a mis fantasmas con tu amor sin cadenas,
y con esa alegría tan honda,
que podría colorear el mundo de una pincelada.

Al principio yo me sentía debil e inexperto,
con todas las heridas del pasado expuestas,
y mi intimidad colgando en tus manos.

Pero tú,
con la paciencia de una madre,
empezaste a dibujar corazones en cada cicatriz,
a coser con caricias cada parte de mi cuerpo,
y a besar con ternura cada miedo emergente.

Me rescataste,
como aquel que cree en lo que ve,
y espera en lo que siente,
y yo,
con la confianza que tiene un ciego a su guía,
decidí agarrar tu oferta,
y caminar contigo 
hasta que me lleve la muerte.

martes, 14 de noviembre de 2017

No hubiera dudado

No hubiera dudado en perder de vista el suelo,
y lanzarme sin paracaídas hacia tus brazos,
y entonces,
aunque sea por un momento,
verme ligero, 
libre de miedos
y lleno de ti.

No hubiera dudado en ponerle tu nombre a mis domingos,
y verlos envejecer cogidos del brazo,
moldeando mis sueños a tu forma exacta,
y perderme en ti,
para encontrar mi vida.

No hubiera dudado en arriesgar hasta lo prestado,
y llenar tantas habitaciones vacías con tus abrazos,
colorear el rincón de las dudas con tus besos,
y volar,
sobre todo volar.

No hubiera dudado en abrazar tu locura,
admirar tus imperfecciones,
soportar tus lunes,
y regalarte mis noches.

No hubiera dudado en escucharte en mis poemas,
bebernos en un grito,
y maldecir a nuestros fantasmas.
Llenarnos de tanto vértigo,
que el amarte sea una locura sin marcha atrás.

No hubiera dudado...
en elegirte a ti

miércoles, 18 de octubre de 2017

Olores de mayo


La vida trae olores de mayo,
y ahí estás tú, 
y aquí estoy yo, 
mirando por la ventana.

Hace sol, y tus colores están en el aire,
llueve, y tu sonrisa limpia la acera,
está nublado, y tus ojos me iluminan.

Te veo,
ahí estás tú,
y aquí estoy yo, 
esperando en la escalera.

Hoy hemos ido al parque y me has besado,
hoy ya no recuerdo a qué sabe tu cielo,
hoy me has abrazado quitándome el invierno,
hoy la primavera se ha convertido en un recuerdo.

¿Me ves?
¿dónde estás tú?
aquí sigo yo,
sentado en nuestro banco.

Veo trenes dormidos cargados de sueños,
veo tu nombre en la arena cubierto por la marea,
veo ciudades que añoran nuestros pies,
veo unos dedos necesitados de otros dedos.

No te veo,
tú no me busques,
yo ya me he ido.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Nuestro último abrazo

Nuestro último abrazo fue de la siguiente forma:

Yo llevaba niebla en la cabeza,
y frío en los "te quiero",
dispuesto un día más
a asumir la derrota que me esperaba
temiendo que mi corazón,
acabase bailando sobre unos brazos que no me pertenecían,
otra vez...

Ella apareció en mis pupilas,
como el primer rayo de sol tras un largo invierno,
como esa gota de agua que crece en el desierto.

La vi,
y volví a entender el sabor de mi herida,
recordé por qué mi alma sigue anclada a su recuerdo,
y mi corazón viajando en su maleta.

Nos abrazamos sin querer tocarnos,
pero esperando que no acabase nunca,
apreciando cada milímetro que unían nuestros cuerpos,
odiando cada promesa rota que nos había separado.

Le lancé un "te veo bien" que no capturó a su presa,
ella seguía intentando no verme para no recordar.
Pero en nuestra historia el corazón estaba entrenado a sentir,
viesen o no viesen nuestros ojos.

La vi frágil, pequeña y asustada,
pero con la misma belleza especial de siempre,
como el sol después de una noche de tormenta,
como el primer brote después de un incendio.

Me moría de ganas de abrazar sus dudas,
aplastar sus silencios,
disuadir a sus fantasmas,
y besarle cada centímetro del alma.
Quería reinventar el pasado,
colorear el presente
y regalarle mi futuro.

Me sentía tan atado a esa figura,
al diamante de su inocencia,
a la dulzura de sus manos,
a las ventanas de sus ojos,
a cada herida o cicatriz,
que hacía de ella
el ángel caído más bello del mundo.

Porque su grandeza era la de alguien que resurge,
que brilla aun lleno de barro,
que vuela con heridas en las alas,
y te lo digo por experiencia,
ese tipo de belleza nunca se olvida.

Entonces pasó lo que mas temía,
después de poner mis cartas en la mesa,
ella me dijo que no jugaba,
que lo suyo no eran las apuestas.

Nos levantamos 
la abracé por última vez,
y mientras ella me decía "no me dejes" con la mirada,
su cuerpo me enseñaba el pliegue de su espalda,
pasando por el marco de la puerta,
yéndose de la cafetería,
pero quedándose en mi memoria 
dejándome herido de muerte,
bailando una canción que no se hizo para mis zapatos.





domingo, 20 de agosto de 2017

Recuerdos sobre ella

Los silencios con ella se llenaban de sentido,
manteníamos conversaciones solo con la mirada,
abrazarle a ella era el mayor de mis vicios,
y el mejor de mis sueños envejecer en su cama.

Convertíamos nuestras debilidades en fortalezas,
y formábamos un hogar solo con juntar las manos,
buscábamos codo a codo todas las respuestas,
de un mundo diseñado para vivirlo a su lado.

Las tormentas eran oportunidades para conocernos,
y en la calma construíamos juntos un castillo,
volábamos sin prisa pero siempre en movimiento,
vaciándome de mí para llenarme de su brillo.

Las estrellas siempre estaban al alcance de nuestra mano,
teníamos el poder de enamorarnos diariamente,
cada mirada suya era como un regalo,
para un pobre loco que solo quería quererle.